La verdad sobre el caso de M. Valdemar
Ejecutando los pases magnéticos que creí que lo despertarían, M. Valdemar, o mas bien la lengua dinámica dentro de su boca tétricamente abierta, con ese ruido espeluznante que antes había hecho, pues a aquello no se le podía llamar voz, me dijo: -Poe, no permitas que nadie mas pase por esto- Y no dijo mas. Esperamos que su cuerpo se descompusiera después de tres meses, pues era la única manera de saber si había muerto, mas el cuerpo nunca hizo tal cosa, solo desprendía el olor de quien tiene 4 meses sin bañarse, pero no era un olor a putrefacción sino a “mocato”.
Aun así decidimos enterrarlo, ese fue el día más tenebroso y frustrante de toda mi vida y de seguro también el de los allí presentes, pues en el momento de empezar a entrarlo a la lápida, la lengua que parecía estar viva empezó a gritar: -¡muerto, muerto! Y aun saliendo del cementerio, cuya ambientación iba completamente de acuerdo con lo frustrante de la ocasión, como película e terror, se escuchaba aquel ruido.
De vez en cuando, al pasar por allí (única ruta para volver a casa) escucho las mismas palabras, por lo que no sé si aquella voz se produjo como reflejo porque lo último que hizo en vida fue hablar o puede talvez que en un estado sobrenatural esté aun vivo. Nunca lo sabré y creo que pasare toda mi vida intranquilo con esa duda que me carcome cada vez que paso por allí y lo escucho. No lo niego, a veces quiero ir y sacarlo e intentar una vez mas despertarlo; lo cierto es que nadie nunca sabrá la verdad sobre el extraño caso de M. Valdemar.

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