domingo, 31 de octubre de 2010
Casa tomada
Después de mucho tiempo de vivir entre el cuarto de Irene, la cocina y el living, y de estar aburridos extrañándo nuestras cosas. Decidí por curiosidad abrir la pesadísima puerta de roble, que para aumentar mi miedo hizo ese ruido espeluznante que hacen los viejos portones en las casas de terror. Giro la perilla suavemente y le doy un leve empujón; estaba tan asustado que mantener los ojos abiertos era casi imposible, como si no tubiera control de ellos. Cuando al fin logro abrir por completo la puerta, casi haciéndome encima del susto, la sorpresa que me llevé fue tan grande que hasta las rodillas se derengaron. Solo eran perros callejeros los que habían estado saqueando la casa todos esos días...
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