En primer lugar, para hablar de valores he de recordar un frase que mi propio subconsciente formuló y sembró en mi mente: “Los valores son la armas que el hombre tiene para luchar en esta guerra que llamamos el día adía”. Del mismo modo, así como las bombas y ametralladoras atacan a tu enemigo, con altura, los valores bombardean a aquellos con quienes te mezclas diariamente. Siendo así, se destacan la solidaridad, el amor y la justicia en el área ofensiva, y por otro lado la paciencia en el área de la defensa. He decidido inquirir entonces sobre la paciencia, el escudo más factible contra las posibles malas decisiones.
Se define como paciencia a la virtud que consiste en sufrir sin perturbación del ánimo los infortunios y trabajos. También es espera y sosiego en las cosas que se desean mucho, conformidad, flema, resignación (según el diccionario enciclopédico de la lengua española Larousse). VIRDTUD, palabra clave, siempre hemos escuchado decir “la paciencia es una virtud”, y puedo decir con seguridad que es así verdadera e indiscutiblemente. Y es que esta atribuye valor a todo individuo que cada vez que sea necesario, la lleve cabo. Porque no hay cosa que requiera más esfuerzo que la paciencia, abstenernos de hacer algo porque sabemos que no es lo correcto o que no es el tiempo oportuno.
Por ejemplo, tenemos el caso de Jorge Núñez, el protagonista del cuento El incendio del libro Entre dos silencios de Hilma Contreras, quien mostró harta paciencia hasta el final. Desde el comienzo Emilia mostró severo interés en Jorge, y sin tapujos le dio a entender sus deseos aún estando casada con Rodolfo, un completo pusilánime. Jorge Núñez gustaba de aquella mujer casada, la veía como una diosa y no entendía cómo estaba con aquel su esposo que tenía imagen de aborto criado. Más aún así, fue paciente, mostró su fortaleza ante aquella tentación que lo azotaba fuertemente y lo acedía noche y día durante el período que duró el incendio. Resistió, aguantó las insinuaciones acechantes de la mujer del halo demoníaco, porque sabía que si cedía, estaría faltando a la moral y principios que en todo el cuento muestra que tenía; y no solo esto, también consecuencias graves pudieron haber ocurrido si perdía la paciencia y tomaba entonces malas decisiones.
Pensemos entonces, qué habría pasado si Jorge se impacientara, porque aquella mujer lo acosaba, y aunque a él le gustaba, su persecución lo hartaba pues este no estaba dispuesto a caer en la tentación. Tal vez le habría faltado al respeto, insultándola; quizás la habría golpeado, o peor aún, hubiera caído en la lascivia, el deseo de la carne, y se hubiera entregado a aquella tentación en la que perjudicaba a un esposo inocente y a su propia ética de hombre juicioso. Pero no, fue paciente, mostró ser un hombre lleno de virtudes, pues gozaba de aquel tesoro que pocos tienes y todos piden, paciencia. Y lo más irónico es que tal vez haya sido ese uno de los factores que llamaba la atención de Emilia, ese carácter imperturbable colmado de conformidad y sosiego que lo hacía negársele a semejante bandeja de plata.
Finalmente, para probar aún más que la paciencia sí es una virtud, analicemos aquellos casos del mismo libro en los que la paciencia fue un elemento regulador de acontecimientos. Ejemplo, en La cabellera, si Luciano no habría sido paciente con todo el asunto de las insinuaciones de natividad y el calor de aquello…es probable que le hubiera sido infiel a su esposa. En “el hombre que murió frente al mar”, Nico pudo evitar matar a su esposa, más no fue paciente ni dejó que ella se explicara, al contrario, se enloqueció. También actúa la paciencia en “Ahora seremos felices”, cuando Vicente aún sabiendo a su esposa enredada con aquel hombre, se mordió los labios y esperó por lo que al final pudo gozar del fruto de esa virtud que poseía. Así mismo encontramos otros casos en el que la paciencia nos ayuda a defendernos de esta guerra de cada día, por eso considero esta como el escudo más factible contra las posibles malas decisiones.

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